En julio de 2010, las autoridades de Tokio fueron en busca del hombre vivo más anciano de la ciudad y encontraron un dormitorio convertido en una cápsula del tiempo. Sogen Kato figuraba con 111 años. Se suponía que era un símbolo viviente de la longevidad japonesa. En cambio, su cuerpo fue hallado momificado en su cama, y todo indicaba que llevaba muerto unos 30 años.[1]

El recuento de centenarios de Japón quedó bajo la lupa en 2010 después de que Sogen Kato, registrado oficialmente con 111 años, fuera encontrado muerto desde hacía mucho tiempo. Una revisión posterior del Ministerio de Justicia descubrió que al menos 234.354 centenarios japoneses registrados estaban “desaparecidos”, lo que planteó dudas sobre los registros que sustentaban las famosas estadísticas de longevidad del país.

Kato no era un nombre anónimo en un libro de registros. Estaba inscrito como el hombre vivo más anciano de Tokio, una condición con cierto brillo ceremonial en un país donde llegar a los 100 años se ha considerado durante mucho tiempo un hito familiar y un motivo de orgullo nacional.[1]

El número de personas que superan los 100 años ha ido aumentando en todo el mundo. Las Naciones Unidas estimaron que había 316.600 centenarios vivos en 2012 y 573.000 en 2020, casi cuatro veces la estimación de 151.000 del año 2000.[1] Japón ha ocupado a menudo un lugar central en esa historia. Un estudio demográfico de las Naciones Unidas de 1998 proyectó que Japón podría tener 272.000 centenarios en 2050, mientras que otras estimaciones sugerían que la cifra podría acercarse al millón.[1]

Esas cifras ayudaron a crear una imagen conocida de Japón: un país envejecido, pero extraordinariamente capaz de producir personas muy longevas. En 2008, Japón informó de un centenario por cada 3.522 habitantes.[1] La palabra centenario puede sonar clínica, pero en la vida pública suele tener un sentido más cálido: medicina que funcionó, familias que resistieron, dietas que llamaron la atención y vidas que parecían extenderse más allá del límite habitual.

El problema de un nombre en una lista

El dormitorio de Kato obligó a plantear una pregunta más concreta y más incómoda. ¿Cuántas de las personas más ancianas de Japón lo eran solo sobre el papel? Tras el hallazgo de su cuerpo, la policía comenzó a investigar a los centenarios registrados con más de 105 años.[1] Poco después, el Ministerio de Justicia de Japón informó de que al menos otros 234.354 centenarios japoneses estaban “desaparecidos”.[1]

La palabra “desaparecidos” puede llevar a una idea equivocada. No se trataba en todos los casos de personas desaparecidas en el sentido habitual de alguien que se esfuma de repente. La controversia dejó al descubierto un problema de registros: en muchos casos, al parecer, las muertes no se habían notificado, lo que dejaba nombres dentro de los sistemas oficiales después de que las personas a las que correspondían ya no estuvieran vivas.[1]

Una estadística de longevidad depende de pequeños actos que rara vez son noticia. Una familia comunica una muerte. Una oficina local actualiza un registro. Se cierra un expediente de pensión. Se modifica una lista de felicitaciones. Cuando esos pasos fallan, una persona puede seguir viva en los datos mucho después de que su vida haya terminado.

La realidad demográfica más amplia de Japón no desapareció con el escándalo. El país seguía teniendo una población centenaria numerosa y marcadamente femenina, como ocurre en muchos lugares. En el año fiscal 2016, Japón tenía 57.525 mujeres centenarias y 8.167 hombres centenarios, una proporción de aproximadamente siete a uno.[1] El aumento de centenarios estaba aún más inclinado hacia las mujeres.[1]

Lo que cambió fue la forma en que debían leerse las cifras. Un recuento de centenarios no es solo una medida de supervivencia. También es una medida de papeleo, notificación, seguimiento municipal y de si una edad oficial sigue correspondiendo a una persona viva. En 2010, el punto débil del sistema no quedó revelado por un gráfico. Lo reveló un hombre incluido entre los vivos, todavía en su cama, décadas después de que su vida hubiera terminado.

Fuentes

  1. Centenarian, Wikipedia