Ven y mírame ahora

En una mañana de sábado de abril pasado, Phil Collins miraba por la ventana de su suite en lo alto del Hyatt Regency de San Antonio, en el River Walk. No es la habitación más grande ni la más cara del hotel, la que uno esperaría encontrar a una estrella del pop que ha vendido más de 250 millones de discos, pero es la que Collins siempre pide cuando viene a la ciudad. Eso se debe a que ofrece la mejor vista del Álamo, y en ese momento la estaba aprovechando, con el dedo índice izquierdo ligeramente apoyado contra el vidrio. “Crockett defendió la empalizada, por supuesto, que es la fila de postes de madera afilados que corrían diagonalmente desde ese extremo del Álamo,” dijo, señalando la esquina sur de la capilla. “Afuera estaba lo que se llama un ‘abatis’, árboles que habían… Continuar leyendo (lectura de 23 minutos)