En septiembre de 1973, Anneliese Michel se sentó frente a su neurólogo y describió un terror que la medicina no había logrado calmar. Decía que unos demonios la atormentaban, que estaba condenada, que el diablo estaba dentro de ella. También afirmó percibir olor a heces quemadas, y el relato señala que las personas a su alrededor también lo notaron.[1]
El exorcismo de Emily Rose se inspiró en el caso real de Anneliese Michel, una joven católica alemana cuyas convulsiones y alucinaciones fueron tratadas médicamente antes de que su familia recurriera al exorcismo. Fue sometida a 67 exorcismos en aproximadamente un año y murió de desnutrición.[1]
Anneliese Michel nació en Baviera en 1952, en la entonces Alemania Occidental. Su familia era profundamente católica. Su padre, Josef, se había formado para ser sacerdote, y tres de sus tías eran monjas.[1] En aquel hogar, la posesión, el pecado, la oración y el sufrimiento no eran ideas teológicas lejanas. Formaban parte del lenguaje disponible cuando ocurría algo aterrador.
En septiembre de 1968, cuando Michel tenía dieciséis años, sufrió su primera convulsión. Un episodio similar se produjo en agosto de 1969, y su madre la llevó al médico de cabecera y después a un neurólogo, el Dr. Luthy.[1] Según se informó, un escáner cerebral no mostró ninguna anomalía clara, y el episodio fue interpretado como una crisis del lóbulo temporal.[1]
Hubo más episodios en 1970 y 1972. Los médicos le recetaron medicamentos anticonvulsivos, entre ellos Dilantin, mientras que las pruebas de EEG fueron descritas como normales, salvo por pequeñas irregularidades.[1] El patrón era desesperantemente incompleto: convulsiones reales, miedo real, tratamiento médico y ninguna explicación sencilla que hiciera desaparecer el terror.
Cuando la enfermedad se convirtió en posesión
Para cuando Michel describió visiones demoníacas al Dr. Luthy en 1973, la historia ya había ido más allá de las convulsiones. Decía tener alucinaciones que la acusaban, la condenaban y daban forma al temor religioso que la rodeaba.[1] El relato de la fuente afirma que ella creía que el diablo estaba dentro de ella.[1]
Anna Michel, su madre, volvió a ver al Dr. Luthy después de esos informes. Según el relato, él le sugirió que consultara a un jesuita, y los padres de Michel empezaron a buscar ayuda religiosa.[1] Ese momento es el punto de inflexión del caso. La familia no abandonó simplemente la medicina después de una noche aterradora. Ya habían pasado por médicos, escáneres, pruebas y recetas. Entonces recurrieron a una explicación más antigua.
La versión más conocida del caso describe a Michel como una joven que sufría psicosis epiléptica y otros trastornos mentales. Su familia y su entorno religioso empezaron a interpretar cada vez más las mismas señales externas de otra manera. Una convulsión podía ser una convulsión, pero también podía parecer un ataque. Una voz alucinada podía ser un síntoma, pero también podía sonar como una condena. En un hogar devoto, la frontera entre enfermedad y posesión se volvió peligrosamente estrecha.
El año de los exorcismos
En aproximadamente un año, Michel fue sometida a 67 exorcismos, según el relato vinculado al caso.[1] No se recuperó. Murió de desnutrición, y sus padres y el sacerdote fueron acusados de homicidio negligente.[1]
Esa es la verdadera tragedia bajo la versión de película de terror. El exorcismo de Emily Rose convirtió el material en horror judicial, pero el caso de Anneliese Michel es más pequeño y más doloroso: una joven en crisis, una familia religiosa temiendo por su alma y una serie de síntomas que la medicina no había logrado resolver con claridad antes de que el ritual tomara el control.
La gente suele acercarse a esta historia preguntándose si Michel estaba enferma o poseída. El rastro documentado deja junto a esa pregunta otra más humana: ¿cuánto tiempo puede sobrevivir una explicación equivocada cuando quienes rodean a una persona que sufre creen que es la única capaz de salvarla?
Al final, la imagen que persiste no es la de un demonio de película. Es la de una muchacha atrapada entre recetas y oraciones, mientras el cuerpo que todos intentaban salvar se consumía.

