Denis Compton estaba en el Bull, en Gerrard's Cross, copa en mano, cuando alguien le preguntó si no se suponía que al día siguiente debía jugar contra Sudáfrica en Old Trafford. Entonces recordó otro compromiso: también tenía que presentarse esa misma tarde en las redes de entrenamiento de Manchester.[1]
Denis Compton, el gran cricketer de Inglaterra y futbolista del Arsenal, se hizo famoso por una especie de despiste magnífico. Las historias clásicas lo muestran llegando a un Test match sin su equipo, pidiendo prestado un bate y, años más tarde, siendo corregido por su madre en una celebración del cumpleaños equivocado.
Compton apuró la copa y encontró a un amigo con un avión privado. El mal tiempo obligó a la aeronave a aterrizar en Derby, pero logró llegar a Manchester a tiempo para la cena. En algún momento de aquel improvisado viaje hacia el norte, se dio cuenta de que no había llevado su equipo.[1]
Al día siguiente, Inglaterra iba 22 por 2. El ataque sudafricano incluía a Neil Adcock, Peter Heine, Trevor Goddard y Hugh Tayfield, pero Compton salió igualmente al campo. Según una versión detallada, agarró sin pedir permiso un bate nuevo que había comprado Fred Titmus y luego anotó 158 de los 284 runs de Inglaterra.[1]
La versión de Colin Cowdrey, con ese brillo de vitrina de museo, hacía la historia aún mejor. Cowdrey dijo que Compton llegó al Test de Old Trafford de 1955 sin su bolsa de equipo, entró como si nada en el museo del estadio, tomó prestado un bate antiguo de la exposición y con él anotó 155 y 79 not out.[2] La puntuación varía según el relato, y también el bate exacto. Lo esencial no cambia: un gran bateador olvidó las herramientas más básicas de su oficio, tomó prestado lo que tenía cerca y aun así hizo carreras.
El historial de Compton es lo que impide que la anécdota sea solo cómica. Jugó 78 Tests con Inglaterra, anotó 5.807 runs en Test cricket con un promedio de 50,06 e hizo 17 siglos en Tests.[3] En cricket de primera clase, sumó 38.942 runs, logró 123 siglos y también tomó 622 wickets.[3]
El verano que lo convirtió en una figura deportiva nacional fue el de 1947. The Herald escribió que Compton batió todos los récords de bateo en una sola temporada, con 18 siglos y 3.816 runs.[2] También era futbolista del Arsenal, había jugado con Inglaterra al fútbol durante la guerra y, en 1950, estuvo vinculado en el mismo año natural tanto al Arsenal, campeón de la FA Cup, como a Middlesex, campeón del condado.[2]
Había glamour a su alrededor antes de que el marketing deportivo moderno tuviera siquiera un nombre. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, ya era titular habitual de Inglaterra en cricket con 21 años, con fama de playboy y una presencia de estrella de estudio que ayudó a convertirlo en “The Brylcreem Boy”.[2] The Herald señaló que, en aquel viejo mundo deportivo, era conocido por aparecer en un partido vestido de etiqueta tras llegar directamente de una fiesta.[2]
Por eso aquellas historias quedaron grabadas. El olvido de Compton pertenecía a un hombre capaz de dominar un Test match, no a alguien que vagara por sus márgenes. Podía perder de vista los detalles de la vida cotidiana y aun así enfrentarse a lanzamientos rápidos con un trozo de sauce prestado.
La llamada del cumpleaños
Años después, el mismo patrón cómico pasó del material de cricket a la aritmética. Peter Parfitt, bateador de Middlesex e Inglaterra, era uno de los oradores en una gran celebración londinense por el 70.º cumpleaños de Compton cuando llamaron por teléfono al homenajeado: era una mujer que se había enterado de la cena.[2]
Compton acabó atendiendo la llamada. La voz, según el relato de Parfitt, era la de su madre. “Denis”, dijo, “soy yo, tu madre. No tienes 70 años, solo tienes 69”.[2]
No hace falta ningún remate adicional. Los discursos estaban preparados, la sala se había reunido, y Denis Compton, que una vez llegó a Old Trafford sin su equipo, estaba al teléfono mientras su madre lo corregía.


