En el césped del Baker Lake Resort, las pruebas estaban tiradas sobre la hierba antes de que nadie tuviera que explicar quién era el sospechoso: decenas de latas vacías de Rainier, perforadas con dientes y garras, y un oso negro desmayado cerca.[1]

En agosto de 2004, funcionarios de vida silvestre de Washington encontraron cerca del monte Baker a un oso negro que había saqueado las hieleras de unos campistas, abierto latas de cerveza con sus garras y dientes, bebido unas 36 latas de Rainier y dejado casi intacta la cerveza Busch.

El complejo turístico, al este del monte Baker, era de esos lugares donde cabañas, hieleras, campistas y territorio de osos podían coincidir en una tarde de mala suerte.[1] Según el relato de Associated Press, al parecer el oso se metió en las hieleras de los campistas y usó sus garras y dientes para perforar las latas.[1] Lo que hizo memorable aquel desastre no fue solo que un oso hubiera encontrado cerveza. Fue la fidelidad a una marca que quedó esparcida por toda la escena.

Lisa Broxson, la contable del complejo de camping y cabañas, soltó la frase que mantuvo viva la historia. "Se bebió la Rainier y no quiso beber la Busch", dijo.[1]

El sargento de cumplimiento de Fish and Wildlife, Bill Heinck, luego precisó aún más el asunto. El oso sí probó una lata de Busch, dijo, pero ignoró el resto. Después consumió unas 36 latas de Rainier.[1] Esa única lata de Busch importa porque evita que la historia sea solo una caricatura sobre un animal hambriento destrozando cualquier cosa que pudiera oler. El oso probó, rechazó y siguió adelante.

El problema volvió por la mañana

Un agente de vida silvestre intentó ahuyentar al oso del campamento, pero el animal no se fue con ninguna prisa. Trepó a un árbol y durmió allí otras cuatro horas antes de que los agentes lograran finalmente conducirlo fuera de la zona.[1]

A la mañana siguiente, el oso regresó.[1] Para los campistas, ahí fue donde la parte graciosa de la historia empezó a dejar de serlo. Un oso que ha aprendido que las hieleras pueden producir comida, alcohol o ambas cosas ya no es solo un visitante extraño en el césped. Tiene una razón para volver.

Las autoridades de vida silvestre colocaron una gran trampa humanitaria para poder capturar al oso y trasladarlo. Primero pusieron el cebo habitual: donas y miel. Luego añadieron el detalle que solo este caso podía haber aportado: dos latas abiertas de Rainier.[1] La trampa funcionó.[1]

Heinck ya había lidiado antes con osos y latas, pero este episodio fue distinto. "Esto es nuevo para mí", dijo. "He sabido de osos que se meten en latas, pero nada como esto. Y definitivamente tenía una preferencia."[1]

La historia ha reaparecido con los años en distintos recuentos, incluida una republicación posterior de Associated Press que tuvo que aclarar que el incidente era antiguo y que ocurrió en 2004 cerca del monte Baker.[5] Esa corrección es parte de la razón por la que el escenario exacto importa. No era un rumor eterno de fogata sobre un oso con gustos refinados. Fue un incidente concreto en Washington, en el césped de un complejo específico, con agentes de vida silvestre, latas perforadas y una trampa de reubicación cebada según las pruebas.

Para cuando el oso fue capturado, la hielera se había convertido en algo parecido a un informe de campo escrito en aluminio: latas abiertas de Rainier, una Busch rechazada y dos Rainier más esperando dentro de una trampa humanitaria.[1]

Fuentes

  1. NBC News, Associated Press: "Un oso se bebe 36 cervezas y se desmaya en un campamento"
  2. Peninsula Daily News, corrección de Associated Press: "Ocurrió en 2004: un oso se bebe 36 cervezas y se desmaya en un campamento cerca del monte Baker"