En 1993, Robin Williams se sentó frente a Gene Shalit en The Today Show y explicó por qué una de las interpretaciones más alegres de la historia de Disney había terminado dejando un sabor amargo. El Genio aparecía en carteles, juguetes, promociones de comida rápida y anuncios. Williams había aceptado interpretar al espíritu azul y cambiante de Aladdín, pero también había marcado un límite: “Simplemente no quiero vender nada”.[2]
Según se informó, el testamento de Robin Williams prohibía a Disney usar su nombre, grabaciones de voz o actuaciones grabadas como el Genio durante 25 años después de su muerte, impidiendo que tomas descartadas inéditas de Aladdín se convirtieran en una nueva actuación póstuma de Robin Williams.[1]
El material en bruto existía. Durante la producción de Aladdín, Williams grabó suficiente material como el Genio como para que Disney pudiera haber ensamblado una interpretación completamente nueva a partir de tomas descartadas, según informes citados por /Film.[1] La película terminada deja entrever cómo pudo ocurrir eso. El Genio no se limita a decir sus líneas. Las atraviesa como un vendaval, cambiando de voces, imitaciones, ritmos y chistes más rápido de lo que la historia puede contener cómodamente.
Un ejecutivo anónimo citado en 2015 describió a Williams en la cabina de grabación como alguien que, cuando estaba inspirado, “hacía 30 chistes por minuto”.[1] Gran parte de ese trabajo quedó en la sala de montaje. Después de la muerte de Williams en 2014, algunos informes señalaron que Disney consideró una cuarta película de Aladdín que usaría las grabaciones inéditas del Genio.[1] La franquicia ya tenía antecedentes de continuar sin estreno en cines, con El retorno de Jafar en 1994 y Aladdín y el rey de los ladrones en 1996.[1]
El acuerdo que se rompió
El conflicto de Williams con Disney empezó con el marketing de la película original. Según se informó, aceptó el papel del Genio por mucho menos de lo que solía cobrar, bajo el entendimiento de que su voz y su imagen no se usarían para vender productos ni publicidad.[2] Una versión afirma que el Genio tampoco debía ocupar más del 25 por ciento del material gráfico promocional.[2]
El Genio no tardó en convertirse en el centro de la campaña. Williams se quejó de que Disney había usado su voz y su personaje para vender productos, incluidas promociones de comida rápida.[2] “Teníamos un acuerdo”, dijo, según relatos posteriores de la entrevista.[2] En otro resumen tajante de la experiencia, afirmó: “Te das cuenta de que cuando trabajas para Disney, simplemente vendes cosas”.[3]
La disputa cambió las secuelas. Williams no regresó para El retorno de Jafar, y Dan Castellaneta, la voz de Homer Simpson, lo reemplazó como el Genio.[1] Más tarde, Disney intentó reparar la relación con un gesto fastuoso. Una versión sostiene que el jefe del estudio, Jeffrey Katzenberg, envió a Williams un cuadro de Picasso valorado en 1 millón de dólares, pero el regalo no puso fin al enfrentamiento.[2]
La disculpa llegó después de que Katzenberg dejara Disney y Joe Roth asumiera la presidencia. Roth dijo públicamente que el estudio tenía “un entendimiento específico” con Williams de que no explotaría su interpretación del Genio para promocionar otros negocios de la compañía, y que Disney se había aprovechado de él.[2] Williams aceptó la disculpa y regresó para Aladdín y el rey de los ladrones.[1]
La voz en la bóveda
Con ese historial, la cláusula testamentaria reportada parece menos una rareza de celebridad que un último límite alrededor de una actuación que una vez escapó al control de su dueño. Según el informe de 2015, el testamento de Williams impedía a Disney usar su nombre, actuaciones grabadas o grabaciones de voz durante 25 años después de su muerte.[1] El mismo informe indicó que la restricción también ayudaba a proteger a su viuda y a sus hijos de sanciones financieras relacionadas con ingresos póstumos.[1]
La cláusula no impidió que Disney hiciera más proyectos de Aladdín. Impidió que el estudio construyera un nuevo Genio de Robin Williams a partir de material archivado.[1] Otro actor podía interpretar el papel. Otra historia podía escribirse. Las improvisaciones inéditas, los chistes adicionales y la voz que una vez estuvo en todas partes en la campaña publicitaria tenían que quedarse donde estaban.
En algún lugar del archivo, quizá todavía haya grabaciones de Williams acelerando en otro número, convirtiendo una línea en diez. Durante 25 años después de su muerte, esos deseos extra permanecieron bajo llave.






