Una chimpancé hembra está sentada en la rama de un árbol, arrancando un pelo rubio de la espalda de un chimpancé macho. El pie de la viñeta convierte la biología de campo en sospecha matrimonial: “Vaya, vaya, otro pelo rubio... ¿haciendo un poco más de ‘investigación’ con esa zorra de Jane Goodall?”[3]
La viñeta de The Far Side que Gary Larson publicó en 1987 provocó una airada advertencia del Instituto Jane Goodall, pero a la propia Jane Goodall le hizo gracia cuando la vio. El escándalo acabó convirtiéndose en amistad, y Goodall escribió más tarde una introducción para una recopilación de The Far Side.[1]
La viñeta apareció en agosto de 1987, cuando el mundo de una sola viñeta de Gary Larson ya estaba lleno de animales conspiradores, científicos ansiosos y una naturaleza que se comportaba como una oficina de lo más extraña.[2] Pero este chiste usaba el nombre de una científica real cuya identidad pública estaba estrechamente ligada a los animales que aparecían en el dibujo.
Goodall se había convertido en una de las primatólogas más conocidas del mundo gracias a su trabajo con chimpancés salvajes en el Parque Nacional de Gombe Stream, en Tanzania, una investigación que hizo que su nombre quedara casi inseparable del comportamiento y la conservación de los chimpancés.[1] Para quienes protegían esa reputación, la broma de Larson no sonó como un absurdo afectuoso. Sonó como un insulto público.
La respuesta llegó en forma de carta de advertencia al sindicato que distribuía las tiras de Larson. Relatos posteriores la describen como una amenaza de cese y desistimiento, con la posibilidad de acciones legales.[2] Larson recordó una carta indignada de una empleada del instituto, identificada más tarde como abogada, que calificaba la viñeta de “inexcusable” y “absolutamente estúpida”, con una vaga sugerencia de que podría presentarse una demanda.[3] Otros resúmenes del incidente dicen que los representantes de Goodall llamaron al cómic una “atrocidad”.[1]
La científica aún no la había visto
Según relatos posteriores, Goodall estaba en África cuando empezó la queja.[3] Cuando regresó a Estados Unidos y vio la viñeta, no compartió la indignación. Le pareció divertida.[2]
Esa reacción cambió el destino del chiste. Goodall pidió que se dejara el asunto, y la amenaza legal se evaporó.[3] Larson dijo más tarde que no había querido herirla y que le había angustiado la posibilidad de haber hecho daño a alguien a quien respetaba por sus aportaciones a la primatología.[3]
El malentendido encajaba de una forma curiosamente perfecta con The Far Side. La tira de Larson solía colocar a animales, investigadores y ansiedades humanas corrientes dentro del mismo marco absurdo.[2] En este caso, el absurdo se escapó del dibujo. Una chimpancé celosa vio pelos rubios e imaginó una aventura. El personal del instituto vio un daño reputacional. Goodall vio el mecanismo del chiste.
De carta de queja a respaldo
El desenlace fue más cálido de lo que sugería la carta de advertencia. Goodall y Larson desarrollaron una relación cordial tras la controversia, y relatos posteriores dicen que el Instituto Jane Goodall llegó a promover el trabajo de Larson en lugar de tratarlo como a un enemigo.[2] El giro más duradero quedó impreso: Goodall escribió la introducción de una de las recopilaciones de The Far Side de Larson.[1]
La viñeta sigue funcionando porque el insulto lo pronuncia una chimpancé que actúa como una esposa suspicaz, no un narrador que intenta defender una postura. La comedia depende de que todos interpreten mal las pruebas: un pelo, el nombre de una investigadora famosa, una palabra como “investigación” y la extraña dignidad de dos simios sobre una rama.
Fuera del marco, ocurrió lo mismo en miniatura. Un dibujante hizo que una chimpancé acusara a Jane Goodall de conducta impropia. Un abogado se indignó. Goodall volvió del mundo de los chimpancés reales, miró la ridícula escenita de Larson y dejó que el chiste siguiera en la rama.






